Maravillas de la maternidad

vdciu-7202“Cuando llega un bebé a casa el insomnio entra por la puerta grande,  los escrúpulos saltan por la ventana y la paciencia se ve multiplicada por mil.”

Alguien debería avisarnos antes, quiero decir, una no es ingenua y ya ve venir todo lo que acarrea tener un hijo, las responsabilidades, el cambio de vida que supone pero, hubiera agradecido que la sociedad no lo pintara todo tan de rosa y alguien me hubiera dicho bien claro: “Es algo jodido, un sacrificio a todos los niveles, pero compensa”.

Quiero a mi hijo sobre todas las cosas, quede dicho de antemano. Pero ya desde el parto el pequeño Diablillo vino marcando sus sacrificios, dos días de hospital intentando que saliera, para acabar en una cesárea de urgencia. Toda una odisea con la que me inicié como madre, si señor, que ya que se pone una a hacer las cosas, las hace por la puerta grande, (¿no veis que soy de bien cerquita de Bilbao? jejeje).

Y después de la operación, los nervios de ser novatos, Diablillo reclamando comida cada nada, pañales, trastos para sorber los mocos (por diox qué cosa más asquerosa!), polvo y pelos de gato acumulándose por doquier, llegaron los cólicos. Que para los que tenéis la suerte de no conocerlos se resumen en que el niño llora mucho (muchííísimo) sin saber muy bien el por qué y sobre todo por la noche (ya que si fueran a media mañana no tendrían tanta gracia). Así que, aprendí que se puede dormir en el sofá recostada, con los pies helados, el brazo que sostiene al bebé dormido como un leño y la espalda partida y sin hacer el más mínimo ruido o movimiento brusco no fuera a ser que Diablillo despertara y volviera a berrear.

Por suerte los cólicos pasan, poco a poco consigues dormir un poco más y dejas de ser ese zombie de las primeras semanas. Los despertares nocturnos se van reduciendo y a veces si hay suerte aguantas hasta la madrugada sin oírle llorar. y entonces sucede: te ves por primera vez en el espejo y te das cuenta de los pelos espantosos que llevas, de que no has tenido un rato para ti en mucho tiempo y de que la ropa de antes del parto, obviamente, no te queda bien.  Pero el que te des cuenta de ello, no quiere decir que tengas tiempo de ponerle remedio. Te tiras casi otro mes hasta que por fin empiezas a ser tu misma de nuevo.

Por fin poco a poco ves que la vida tal y como la conocías no ha acabado, ha cambiado un poco si, de eso no hay duda pero de algún modo vuelves a recuperar tu espacio. Y ahora por fin, después de siete mesazos, puedo decir que todo merece la pena. El placer de acunarlo en brazos cuando ya hace tiempo que se ha dormido, simplemente por la ternura que te inspira es algo que no se puede comparar con nada, su primera sonrisa, su primer “ama”…

Ahora, también es cierto que casi comparable al amor que sientes por él, es la paciencia que te hace sacar en algunas ocasiones en las que te lleva al límite. Menos mal que estamos programados para amarlos sobre todas las cosas.

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~ por Morgana en 25 septiembre 2013.

6 comentarios to “Maravillas de la maternidad”

  1. Ya veras cuando llegue la adolescencia… Jajaja, no te asustes, sobrevivirás. Felicidades ama

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  2. Con uno sí que llega un momento en que llegas a ser tú misma otra vez. Con tres es más difícil. Bueno, al menos los tres míos son de diferentes edades.
    ¡Enhorabuena, mamá!

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  3. Muchísimas felicidades y un fuerte abrazo.
    Ya verás que conforme crezca lo pasarás mejor…

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